José Castro Aguirre, de padres a hijos

En nuestra hermandad de Veracruz desgraciadamente quedaban pocos (muy pocos) hermanos de los que marcaron el camino a seguir por todos los que en estos últimos años nos estamos empeñando en tener en la hermandad ese espacio de fraternidad donde vivir nuestra fe alrededor de nuestros Sagrados Titulares de la mejor forma que sabemos y creemos quienes nos sentimos cristianos y cofrades.

José Castro Aguirre (Pepito Castro le llamaba cariñosamente mi suegro Antonio Soto) ha sido sin ningún lugar a dudas uno de esos cruceros nacidos en la hermandad en los difíciles años cuarenta que sobrevivieron a cualquier crisis o mala época para con su testimonio y ejemplo trazar el camino de la hermandad que hoy podemos estar disfrutando.

Para los que han llegado en tiempos recientes decirle que no siempre fue como la vemos ahora. Que hubo muchos hermanos que caminaron por un árido desierto si desmayar ningún día hasta conseguir su firme propósito de llevar la hermandad al sitio que históricamente siempre tuvo.

Pocos aplausos más merecidos he escuchado en la hermandad que el que se le dio por los asistentes en su último Cabildo General de Cuentas en mayo de 2005 donde se despedía después de seis años presidiéndolo como Hermano Mayor.

Pero además estuvo al servicio de la hermandad en varias juntas de oficiales con distintos cargos y solo estuvo separado de ella cuando sus obligaciones de Coronel médico de la Sanidad Militar lo llevaron fuera de Sevilla.

Sin embargo el “puesto” que siempre llevaba a gala y del único que le gustaba presumir era el de haber sido junto con nuestro hermano Paco Gordillo, actual número uno de la hermandad, los primeros monaguillos en la cofradía tras la reorganización que como me decía llegaban el lunes santo a la capilla de la mano de sus padres, como debe ser. De padres a hijos.

Nunca tendré palabras para agradecerle su confianza en mi persona los seis años que estuve a su lado como segundo Teniente de Hermano Mayor. Entonces el puesto estaba desdoblado.

Fueron sin dudas la mejor escuela que he podido tener para mi paso por esa misma responsabilidad años después. Gobernar desde el respeto a nuestros mayores, los que ya no estaban, y poniendo a la hermandad siempre por delante de cualquier decisión quedan en mi memoria como la mayor enseñanza que aprendí de él.

Durante su mandato entra otras cosas hubo una importante reforma de Reglas para adaptarla a los tiempos actuales, importantes obras de mantenimiento de la capilla y se tomó por ejemplo la decisión de nombrar al actual vestidor de la Virgen, Antonio Bejarano en un cabildo de oficiales en el que como buen Hermano Mayor escuchó a los que sabían antes de tomar una decisión valiente como era nombrar para esa labor a alguien que debutaría en Sevilla en una hermandad de penitencia. El tiempo ha demostrado que no se equivocó.

Fue ejemplo y referencia entre el grupo de hermanos mayores del lunes santo, donde era muy querido y respetado por su bonhomía y sabios consejos además de por su fino   humor el de personas inteligentes.

Un desgraciado accidente vascular le torció los últimos años de su vida y aun así lo llevó de una forma ejemplar, desde la fe inquebrantable de un cristiano comprometido.

Pero además como ocurre con todo hombre bueno supo montar una familia ejemplar. Desde su esposa Mari Carmen, su fiel compañera tantísimos años y en todo momento y los ha tenido muy difíciles. Ella, otro ejemplo. Y sus tres hijos José Manuel, Ana y Juan Pablo que son el fiel retrato de sus padres y orgulloso que Pepe estaba de ellos.

Ya descansa en la paz del Stmo. Cristo de la Veracruz y María Stma. de las Tristezas a los que tanto rezó y encomendó sus alegrías y padecimientos, uno de nuestros últimos “guerreros” por una Veracruz ejemplar.

Sevilla a 31 de diciembre de 2023.

José de Cristóbal González