Huérfanos

Hermanos hoy hace catorce años que falleció, quién hasta ese instante fue número Uno de nuestra hermandad desde su reorganización en 1942, Antonio Soto Cartaya.

Antonio fue, y sigue siendo, un referente para los hermanos de la Vera Cruz por su amor y entrega constantes a la Hermandad, comprometido con ella y con su condición de cristiano (quería, era afable, compasivo y comprensivo, trataba a todos con cariño, perdonaba y olvidaba).

Podríamos pensar que catorce años no constituyen una cifra «redonda» que merezca un recuerdo especial, pero pienso que cualquier aniversario es bueno y oportuno para recordar a personas como él, a hermanos como él, que dieron su vida por hacer que nuestra Hermandad sea hoy lo que es:  Iglesia que camina unida y lugar de confraternidad entre los que formamos parte de ella.

En este espacio temporal desde que nos dejó han llegado a nuestra Casa nuevos hermanos (gracias a Dios muchos) y éstos merecen conocer que hubo alguien que, siendo muy joven, junto con otras,  hizo resurgir en Sevilla la devoción a la Vera Cruz, signo supremo de amor de quién en Ella murió por nosotros.

Su memoria sigue viva y sirve y debe servir de ejemplo para los que ahora y siempre formamos y formaremos parte de nuestra Hermandad.

El caso es, que después de haber escrito hace unos días las líneas que preceden, tuvimos la noticia – que no por esperada fue menos dolorosa – del fallecimiento , el pasado 20 de este mes, del que también fuera durante los últimos años nuestro hermano número Uno, Paco Gordillo Martínez; días antes lo hizo su hermano Agustín.

Ambos han afrontado su enfermedad con valentía y sacándole jugo a sus vidas hasta el final.

No cabe duda de que han sido para nosotros un ejemplo de fe en el Señor y de cariño a la Vera Cruz, pues ésta fue su referente y ellos lo fueron para nosotros.

A pesar de vivir fuera de Sevilla, mantuvieron contacto constante con la Hermandad y consiguieron, como antes lo hicieron sus padres, que su numerosísima familia estuviera aglutinada en torno a ella, de tal manera que la Vera cruz siempre estuvo presente en sus vidas.

Desde el punto de vista humano, como nos pasa con Antonio, nos sentimos huérfanos y los vamos a echar de menos – de hecho lo estamos haciendo -, pero nos queda el consuelo de que ya han visto de frente la cara de nuestros titulares y disfrutan de su presencia real. Ellos ya estarán gozando de sus caricias, recompensa de toda una existencia esperanzada en ese encuentro.

Han sido y serán modelo y paradigma de lo que es ser hermano de la Vera Cruz.

Descansen en la Paz y el Bien. 

 

Escrito por N.H.D. Francisco Berjano Arenado