Censor contador

«Dios también está entre los números»

Asumir nuevamente la responsabilidad de Censor Contador de nuestra Hermandad supone para mí una enorme satisfacción y, al mismo tiempo, un compromiso. Es la cuarta ocasión en la que tengo el privilegio de formar parte de una Junta de Oficiales desempeñando esta función, por lo que solo puedo expresar mi agradecimiento por la confianza que nuevamente se ha depositado en mí y mi satisfacción por poder aportar mi tiempo, experiencia y conocimientos al servicio de la Vera Cruz.

Me siento, además, especialmente orgulloso de continuar una labor que otros hermanos han desarrollado antes que nosotros a lo largo de los siglos. Formar parte de una Junta de Oficiales significa recibir temporalmente ese legado, custodiarlo con responsabilidad y procurar que quienes nos sucedan encuentren una Hermandad cada vez más sólida.

La labor del Censor Contador se desarrolla fundamentalmente de manera callada, en la “trastienda” de la Hermandad. Sin embargo, tiene un carácter especialmente transversal: el movimiento, seguimiento y control de los recursos económicos hace que mantenga una relación continua con todas las oficialías y que pueda conocer y colaborar en buena parte de los proyectos y actividades que se desarrollan.

Trasladándolo al ámbito empresarial, mis funciones podrían asemejarse a las de un controller. Me corresponde llevar y supervisar la contabilidad de la Hermandad, procurando que se ajuste a los principios contables legalmente establecidos y que refleje fielmente su situación económica y patrimonial. Mensualmente presento al Cabildo de Oficiales los estados contables para su seguimiento y aprobación provisional y, llegado el momento, las cuentas son sometidas al Cabildo General para su aprobación definitiva. Entiendo esta labor no solo como una obligación de control, sino también como un ejercicio de transparencia y responsabilidad ante todos nuestros hermanos.

Todo ello, por supuesto, sin olvidar que formar parte de una Junta de Oficiales va mucho más allá de las funciones propias de cada cargo. Supone integrarse en un equipo, colaborar allí donde sea necesario y participar activamente en las múltiples tareas que plantea el día a día de nuestra Hermandad.

Y aunque mi cometido pueda parecer especialmente técnico, pienso que Dios está también entre los números. Porque detrás de cada apunte, de cada presupuesto y de cada cuenta hay proyectos, cultos, caridad, patrimonio y, sobre todo, personas. Administrar responsablemente los recursos de la Hermandad es también una forma de servirla y de hacer posible el cumplimiento de sus fines.

Ese es el espíritu con el que afronto esta nueva etapa: poner mi experiencia al servicio de la Vera Cruz, colaborar con mis compañeros de Junta y contribuir, desde esa discreta “trastienda”, a seguir construyendo la Hermandad que recibimos de quienes nos precedieron y que algún día tendremos la responsabilidad de entregar a quienes nos sucedan.

Os envío un fraternal abrazo y mis deseos de Paz y Bien.