Que duro se nos hace el mes de agosto a los hermanos de la Vera Cruz.
Rafael Aragón, Carmen Navarro, Diego Luna, Antonio Soto…
Que una buena parte de nuestras las cofradías tuvieron un origen gremial es algo conocido y suficientemente acreditado. Panaderos, cigarreras, plateros, cocheros, marineros, toneleros…
Pero su desarrollo en el tiempo ha correspondido en buena parte a las familias.
Este hecho además se hace mucho más visible en las hermandades más antiguas y también más pequeñas y que no han tenido la eclosión de un barrio más o menos populoso como soporte de su crecimiento y mantenimiento en el tiempo.
Por ello en nuestra hermandad de la Santísima Vera Cruz tenemos numerosas familias que generación tras generación desde su reorganización en 1942 han permanecido fieles a una devoción heredada de padres a hijos y que se han manifestado públicamente con ejemplaridad y entrega a los fines que nos unen.
Sin dudas y como ejemplo inigualable tenemos a la muy numerosa familia heredera de nuestro Hermano Mayor en 1944 cuando volvió a procesionar nuestra cofradía, D. Francisco Gordillo Sánchez que supo trasladar a su familia numerosa el amor y devoción que él tenía por nuestros Sagrados Titulares.
A los Gordillo todos los hermanos los conocemos. O personalmente o bien sabemos de ellos. Son muchos. Muchísimos si recurrimos a nuestro habla. Muchos con su carrera militar en el Ejército del Aire, como su progenitor. Escudos de la hermandad en sus solapas de las chaquetas y pisacorbatas militares y del Atlético de Madrid.
Se dejan ver por corrillos desde el Viernes de Dolores en la cercanías de nuestra iglesia, de nuestros Titulares a los que año tras año se desplazan desde Madrid y alrededores (excepto la familia de Ignacio que viven en la provincia de Sevilla) para rezarles y acompañarlos en la estación de penitencia del Lunes Santo.
Es una alegría ver como todos disfrutan de esos momentos que años tras años esperan con la ilusión de un estreno.
Hoy toda la familia de nuestra hermandad está de luto.
En estos días y después de largas enfermedades y sufrimiento han marchado a la compañía del Señor de la Vera Cruz dos de ellos. Y además muy significados por distintos motivos.
Primero ha sido Agustín, número TRES de nuestra lista de hermanos. Tenía la voz muy ronca y eso le hacía conocible. Pero sobre todo lo que tenía era un gran corazón y una simpatía que te arrancaba una sonrisa cada vez que hablablas con él. Era muy colchonero y yo para picarlo de vez en cuando le decía que prefería al otro equipo de Madrid, sin ser verdad por supuesto. Entraba al trapo y no reíamos con sus comentarios. DEP el gran Agustín. Lo echaremos mucho de menos el próximo Viernes de Dolores. Deja a sus hijos al “pié del cañón”.

Y pocos días después se nos marchó el gran Paco. Número UNO de la lista de hermanos. La punta de la pirámide Gordillo. El nexo de unión y “enlace oficioso” con la hermandad. Que ejemplo de cómo llevar una larguísima enfermedad con alegría y resignación. Con fé y entrega.
Su disciplina heredada y de formación militar le hacía crearse la obligación de cumplir con su deber de un número uno de su hermandad.
Quiso llevarlo con honor y dignidad hasta el último momento de sus días ya muy debilitado y con la compañía de su inseparable “respirador”.
A su ejemplar y fiel esposa Ana María de forma especial y a toda su familia le quiero trasladar que Paco ha pasado a la historia de nuestra hermandad como el mejor ejemplo de como de ser un crucero, por su comportamiento intachable, por su cariño y cercanía con todos los hermanos, por cómo ha sabido unir a toda la familia en torno a una devoción heredada de padres a hijos.
Orgulloso de nuestros hermanos Paco y Agustín. Descansen en la Paz del Santísimo Cristo de la Vera Cruz y su Bendita Madre, María Santísima de las Tristezas.
Escrito por N.H.D. José De Cristóbal González
