Auténtica de reliquias de la Virgen María y de los santos

La utilidad espiritual de venerar las reliquias de los santos fue reafirmada por el Concilio de Trento a mediados del siglo XVI, pero dándole un nuevo sentido a fin de evitar los desórdenes de tiempos pasados, encomendando a los obispos que velasen por la debida autentificación de las reliquias y su digna conservación y exposición. En este contexto surgen las “auténticas” o certificados de autenticidad como el que presentamos. Los mártires eran especialmente venerados por los fieles, junto a otras figuras relevantes como los apóstoles.

La Hermandad de la Vera Cruz, en su proceso de consolidación durante los años centrales del siglo XVI, y con el fin de legitimarse espiritualmente como una de las principales instituciones de la ciudad, consiguió la cesión de un importante conjunto de reliquias obtenidas en Roma por diversas personas cofrades o devotos de la Vera Cruz.  En el caso que nos ocupa, en 1561 el fraile agustino natural de Portugal fray Francisco de Jesús obtuvo, por mediación del cardenal Santiago de Sabellis y del obispo Marco Antonio Mafei, diversas partículas óseas de los siguientes santos: S. Inocencio mártir, S. Genesio y S. Eleuterio obispos y mártires, S. Alejandro, S. Esteban protomártir, S. Fabián y S. Sebastián, mártires, Santa. María Magdalena, Santa Marta, los apóstoles Andrés, Felipe y Santiago, S. Juan Bautista y S. Marcelino papa y mártir.

Este valioso conjunto de reliquias contenía además una “particulam ligni santisime crucis”, es decir, una astilla de la Verdadera Cruz, y otra “particulam lattis Beate et Gloriosae Mariae Virginis”. Se trata en este caso de una reliquia de la “leche de la Virgen”. Si bien era harto improbable su verosimilitud, se estimaba especialmente este tipo de reliquias de Santa María porque remitían a la relación más íntima de la Madre con su Hijo, y permitían a los fieles evocar de manera “tangible” el transcendental Misterio de la Encarnación del Verbo.

Las reliquias fueron entregadas por el fraile agustino al clérigo sevillano Diego de León, que las trajo a nuestra ciudad y las repartió en tres iglesias: la primera de ellas la de Santa María “de nive”, que probablemente se corresponda con la de Santa María la Blanca; otra parte se depositó en el “Monasterio sancti Francisci societatis verae crucis”, es decir, en la capilla de la Vera Cruz en el convento de San Francisco, entre ellas el fragmento del Lignum Crucis, que fue el primero que poseyó la cofradía sevillana. Por último, algunas de ellas se llevaron a la iglesia que se llama de la “hermandad del Nombre de Jesús”, que no sabemos cuál sería.

  • AHVCS. D018. Testimonio de autenticidad de diferentes reliquias de la Virgen María y de los santos. Roma, 2 de octubre de 1561.
  • Pergamino. 220 x 160 x 30 mm. Tinta ocre. Letra humanística. Signo de notario apostólico. Buena conservación.
  • Véase: Antonio Montero Parrilla. El tesoro de cartas de la Hermandad de la Santísima Vera Cruz de Sevilla (Sevilla: Buhaira, 2020), pp. 118-119.