Celano, hablando de la devoción de san Francisco al Cuerpo del Señor, dice:

«Quería que se tuvieran en mucha veneración las manos del sacerdote, a las cuales se ha concedido el poder tan divino de realizarlo. Decía con frecuencia: Si me sucediere encontrarme al mismo tiempo con algún santo que viene del cielo y con un sacerdote pobrecillo, me adelantaría a presentar mis respetos al presbítero y correría a besarle las manos, y diría: "¡Oye, San Lorenzo, espera!, porque las manos de éste tocan al Verbo de vida y poseen algo que está por encima de lo humano"» (2 Cel 201).

¿Te gusta? Comparte

Submit to FacebookSubmit to Google PlusSubmit to Twitter