Durante todo el día, el cielo nublado del otoño sevillano había estado descargando agua en forma de finas tormentas y un numeroso grupo jóvenes amigos rezaba para que al menos hacia las 20,00 horas parara y sus deseos se vieran cumplidos.

Era la Sevilla en la que su Alcalde, D. Miguel Ibarra y Lasso de la Vega, acababa de ser nombrado Procurador en Cortes, como miembro nato. En la que la compañía de Lina Santamaría-Juan Beringola representaba “Don Juan Tenorio” en el Gran Teatro Cervantes, mientras en el Palacio Central se proyectaba en español la película “Diez dias en París”  con Rex Harrison y Keren Verne, como protagonistas.

En Sevilla, como en el resto de España, las “cartillas” de racionamiento.

A última hora de la tarde, el Padre Prepósito del Oratorio de San Felipe Neri, con sede en la Iglesia de San Alberto, padre Farfán, acompañado del padre Pedro Fernández, esperaban que fueran llegando los jóvenes cofrades que  se habían decidido por la Muy Antigua Hermandad del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, para hacer realidad sus deseos de realizarse cristianamente cómo cofrades.

Atrás quedaron varios intentos con otras imágenes, en lo que por uno u otro motivo nunca hubo consenso entre todos ellos ( como los Titulares de la extinguida cofradía de los pescaderos, que recibían culto en San Isidoro y cuya Virgen fue adquirida por aquellas fechas por la Hermandad de los Estudiantes, adelantándose en días a los reorganizadores de nuestra Hermandad).

El día antes, el Betis de Paquillo, Peral , Antunez, Japón, Saro…. empataba en casa (1-1) con el Deportivo de la Coruña y hasta Algeciras se desplazó a poner rejones Juan Belmonte y Rafael el Gallo que daría una de sus clásicas “espantás”.

Cerca de un siglo en dos etapas diferentes había permanecido el Stmo. Cristo de la Vera Cruz entre aquellos muros. En uno de los altares de la nave del Evangelio, muchas horas de oración, de vigilias, de ofrecimientos y porque no decirlo de alguna que otra desavenencia entre los antiguos cofrades y la comunidad filipense. De ahí las lágrimas del padre Pedro.

Para la ocasión, muchos estrenaban  su primer terno oscuro cómo mandan los cánones cofrades (esfuerzo familiar en los años cuarenta). Otros solamente la ilusión del que se siente creador de algo.

De los primeros en llegar fué un jovencísimo Pepe Ojeda (q.e.p.d.), secretario de la Comisión que se creó para tal motivo, y autor de las primeras Reglas del siglo pasado, que tuvieron la singularidad de ser manuscritas. En el transcurrir del tiempo se convertiría en maestro de cofrades.  Coincidían con su llegada a San Alberto, Antonio Soto que ejercía de Presidente de la citada Comisión por ser el mayor del grupo con sólo 18 años y el secretario de la misma, Manolo Mendívil.

El Santísimo Cristo se había bajado de su Altar y permanecía en el suelo de San Alberto, para que llegada la hora, ocho de la tarde, fuera alzado a los hombros de éstos jóvenes y encaminarse por Rojas Marcos, San Isidoro, Francos….. en busca de su nueva casa.

Nuevo destino (San Benito) buscaría también la Hermandad de Ntra. Sra. De Valvanera, que ése día celebraba el Jubileo en San Alberto.

En la calle seguía lloviendo, y a pesar de ello numeroso público aguardaba para arrodillarse al paso del Santísimo Cristo de la Vera Cruz. Entre el público Pepe Carbonell (q.e.p.d.), que muy poco después se incorporó de lleno a la vida de hermandad.

Se formó una procesión con dos filas de cirios. En la misma los ejemplares cofrades Manolo y Cándido Martínez (q.e.p.d.), Manolo Florencio (q.e.p.d.), Emilio Vara, José Jesús García Díaz(q.e.p.d.), Manolo Cervera………

El recorrido continuaba por la Plaza del Salvador, Cuna, Orfila, Javier Lasso de la Vega.

Para la ocasión la Hermandad de la Divina Enfermera de San Martín, les había prestado cuatro faroles dorados que dieron luz al Cristo durante todo su recorrido.

Portando los mismos y alternándose para llevar al Cristo, Antonio Caballero, Rafael Pineda, Agustín Vara, Rafael Martínez de la Ossa (q.e.p.d.)…..

Hacia las 21 horas de la cerrada noche, la procesión llegaba a las inmediaciones de la calle Aponte, para continuar por Jesús del Gran Poder, Las Cortes, Plaza de la Gavidia, Baños  y calle Jesús.

En las puertas de la capilla del Dulce Nombre de Jesús esperaban el Delegado Provincial de la ONCE acompañado de su capellán Don Antonio Máñez Jerez y por el gran artífice y orientador de ésta recuperación, Don José Sebastián y Bandarán, que el día antes había predicado en San Vicente la Función Solemne de la Virgen del Rosario.

El Cristo quedó expuesto al día siguiente en su primer besapiés, de cuatro de la tarde a 9 de la noche, en la que hoy es su casa.

Seguía lloviendo,  y a pesar de que todo acompañaba para pasar una tarde-noche otoñal en casa, mucha gente se había congregado para ver una parte de la historia de nuestra Hermandad, que debiera servir como tributo y agradecimiento eterno a todos los que aparecen en éste articulo y algunos más que también estaban allí (nunca llegó a ser hermano, pero trabajó como el que más para éste traslado y hacer una realidad la continuidad en el tiempo de nuestra hermandad, Fernando Gamero-Cívico). Por mi parte para todos ellos el mayor de los homenajes que se hayan podido dar en ésta casa.

Hacia la media noche, vuelta a casa, a secar los ternos mojados y guardarlos para lucirlos en los cultos y días de fiesta que a partir de ése día les esperaba a los jóvenes cofrades cruceros.

En San Alberto quedó la Madre.  Y repartido por Sevilla, parte de su historia.          

No pudo ser.

José Cristóbal González. Teniente de Hermano Mayor

 

 

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