rafaelfrancoEn esta ocasión quiero poner en conocimiento de todos ustedes como la intervención de un hermano de la Vera Cruz de Sevilla, o más bien de un hermano muy destacado por su actividad y aportación en el tiempo que tuvimos la suerte de que nos acompañara antes de su partida para integrarse en esa ya comentada en otras ocasiones tertulia de La Pajarita celestial, de la que nos consta es tertuliano fijo.

Se trata de Javier Fal-Conde Macías. Quizás su mezcla de sangre aljarafeña y serrana fuese el motivo de sus constantes inquietudes. No paraba. Su principal legado a la hermandad fue su aportación a la cuadrilla de hermanos costaleros y la casa de hermandad. En ambos casos su principal impulsor. También fue quien buscó el donante del relicario de plata de nuestros Santo Lignun Crucis que no fue otro que D. Carlos Hugo de Borbón y Parma. Definitiva su participación junto con Antonio Soto en la creación de la Confraternidad. Y esto solo entre otras cosas.

Pero también hizo aportaciones a la ciudad y es a una de ellas a la que me voy a referir, por tratarse en el caso de ambos protagonistas de hermanos de la Vera Cruz e integrantes en el tiempo de algunas de sus Juntas de Gobierno.

Tanto el capataz Rafael Franco Rojas como Javier Fal-Conde Macías profesaron en vida devoción a nuestros Sagrados Titulares y cariño y entrega por nuestra hermandad. Uno un poquito más de Virgen y otro un poquito más de Cristo. Aquí se conocieron y aquí se hicieron muy amigos hasta el punto de que ya muy enfermo Rafael y estando ingresado en el entonces Hospital General, antes García Morato y hoy Virgen del Rocio, Javier era uno más de la familia en los turnos y guardias de acompañamiento en los que también implicó a algunos de los costaleros de la cuadrilla de los ratones fieles al “fatiga” como el “Boli”, los hermanos Copado ó el Oliva (aguador de nuestra cuadrilla posteriormente y que su primer apellido era Mesonero). De la cuadrilla de hermanos costaleros recuerdo a Salvi, a Juan Antonio Martínez Martín y yo mismo en esas guardias de acompañamiento.

Por ello Javier fue el principal impulsor ante el Ayuntamiento de nuestra ciudad para que a su amigo Rafael Franco le dedicasen una calle.

Se movió y “tocó” a todos los políticos de todos los grupos municipales uno a uno, he tenido acceso a las cartas, a las hermandades relacionadas con Rafael Franco, al Consejo de Cofradías, etc...

Pero al final era él mismo el que hacía todo.

Oficialmente todo empieza el día 26 de Diciembre de 1989 en el que dirige como primer firmante y acompañado por cuarenta y nueve firmas más de otros tantos capataces, un escrito dirigido al Exmo. Ayuntamiento solicitando una calle con el nombre de “Capataz Rafael Franco”.

Le acompañaron por este orden en la firma los siguientes capataces: D. Luis León Vázquez, D. José Andreu Fernández, D. Alejandro Ollero Tassara, D. Fernando Moreno Navarro, D. Manuel Bejarano Rubio, D. Antonio Pérez Gálvez, D. Manuel Rechi Márquez, D. Ramón Castro Núñez, D. José Miguel Hidalgo Ortíz, D. Jesús Basterra Ayesa, D. Salvador Perales Marcos, D. Manuel Sánchez Soriano, D. José Luque Fernández, D. Domingo Rojas Puertas, D. Julián Huertas Villa, D. Manuel Villanueva Granado, D. Alberto Gallardo Aguilar, D. Francisco Amaro Chaves, D .Antonio Cortés Benegas, D. Juan Borrero Campos, D. Pedro Andana Peiró, D. Manuel Torres López, D. Francisco Reguera Aguilar, D. Juan Manuel Martín Jiménez, D. Juan José Gómez Sánchez, D. Ramón Sánchez Núñez, D. Antonio Falcón Peinado, D. José Ramón Rodriguez Gautier, D. Francisco Arnáiz González, D. José Vázquez Ceballos, D. Carlos Morán Fernández, D. José Candela Luna, D. Manuel Antonio Santiago Muñoz, D. Manuel Santiago Gil, D. Rafael Díaz Palacios, D. Sebastián Pagés Torres, D. Justo Rufino Charlo, D. Antonio Rechi Márquez, D. Manuel Jiménez Calderón, D. Francisco José Fernández Cerreño, D. Ismael Vargas Crespo, D. Rafael Valdivieso García, D. Jesús Manuel Garduño Lara, D. Rafael Aguilar Cazorla, D. Diego González Quirós, D. Miguel Loreto Bejarano, D. Rafael Ariza Sánchez, D. Carlos Villanueva Granados y cerraba por deferencia D. Manuel Franco Rojas.

El orden quedó establecido en relación directa por cómo iba contactando Javier y algunos de los más implicados como el propio Luis León Vázquez, con los capataces firmantes.

En el escrito se indicaba además la calle que querían para el gran capataz y así constaba: “..que estimamos que la mejor para dedicarle es la actual calle CARPIO, situada entre la calle Tarifa y la plaza de La Campana, pues aunque pequeña, por su esquina pasan todas las cofradías de Sevilla, de las que en su mayoría fue capataz en sus más de cincuenta años de oficio...”.

El día 9/1/1990 recibe Javier una carta del entonces alcalde D. Manuel del Valle donde le acusaba recibo del escrito y le indicaba que había pasado nota al Teniente de Alcalde Delegado de Gobierno Interior, D. José Valles de la misma. Ni que decir tiene que Javier Fal-Conde que no dejaba nada al aire ya había hablado previamente tanto con el Alcalde, como con los portavoces de los grupos de la oposición, Soledad Becerril y Alejandro Rojas-Marcos.

Tuvo que pasar un año y el 25/1/1991, el pleno municipal acordó:” Rotular con el nombre que se indica la vía que a continuación detalla. Origen de la petición: Capataces de las cuadrillas de costaleros de Sevilla. Denominación: Capataz Rafael Franco. Ubicación: actual calle Carpio, situada entre calle Tarifa y Plaza de La Campana” con registro de salida el 14/2/91 en el libro 24, asiento 104.

Cuando todavía no había recibido de forma oficial la notificación (se la sopló por teléfono Alejandro Rojas-Marcos), el día 11/2/91 le envió una carta al Teniente Alcalde. D. José Vallés, agradeciéndole su colaboración y apoyo e indicándole como debería ser el protocolo para el día de la colocación del rótulo.

Las cosas que hacían grande a Javier.

Así le indicaba por este orden, lo siguiente:

1º,- Los capataces firmantes costearíamos los treinta y ocho azulejos y los dos rótulos (uno para cada esquina de la calle), que serían los clásicos de cuadradillo blanco con las letras en negro.

2ª,- Estos rótulos serán colocados por albañiles que fueron costaleros de sus cuadrillas.

3º,-En el día que se descubran los rótulos tendríamos primero una misa en sufragio de su alma, en la capilla de la Hermandad de la Vera-Cruz., a la que estuvo siempre muy vinculado como capataz y miembro de Junta.

4º,- A continuación se haría el descubrimiento de los rótulos, con unas breves palabras del Hermano Mayor de la Hermandad de Capataces y Costaleros en representación de todos y una breve contestación del alcalde.

Además le indicaba la agenda por si le quedaban dudas y así le decía en su carta:”.. pensamos que este acto podría ser la tarde del domingo 17 de Marzo, día del Pregón de la Semana Santa, ya que el día 24 aniversario de su muerte es Domingo de Ramos. Además Rafael murió precisamente el Domingo de Pasión de 1.985”.

Y continuaba su carta con :” ..no obstante dejamos a la consideración del Ayuntamiento la aprobación de éste acto y la designación de hora y fecha, que todos quisiésemos fuese antes de la próxima Semana Santa”. Este era Javier Fal-Conde en estado puro.

Como era de esperar, el Ayuntamiento y su delegación de Protocolos actuó después como le pareció oportuno, respetando éso sí algunas de las indicaciones como la de pagar los azulejos, que por cierto a día de hoy creo que todavía siguen esperando.

Javier Fal-Conde aparte de un hombre genial, era ante todo muy amigo de sus amigos y por ellos se desvivía, como lo pudo demostrar en reiteradas ocasiones, como esta en la que encabezó una iniciativa por su gran amigo y maestro Rafael Franco Rojas con un final feliz.

Por cierto y también como una anécdota de Rafael Franco, os puedo decir que el Lunes Santo de 1984, que fue el primero que no sacó oficialmente el paso de la Virgen de las Tristezas desde su primera salida en 1957, cuando ya había salido a la calle después de salvar la cancela, y Pepe Cortés se disponía a cerrarla, de detrás salió la figura enjuta del gran capataz que la había visto salir de forma discreta desde ese lugar con lágrimas en la cara y los ojos rojos de llorar de emoción y pena.

¡Qué gran hombre!. Y discreto hasta el final.

Lo pude ver porque fui el último que abandonó la capilla y detrás mía se cerraba la cancela.

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