Como ya es conocido por mucho de los hermanos y sobre todo gracias a la publicación de sus investigaciones en nuestro archivo histórico de la historiadora Dª Concepción Alvarez Moro y del catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Sevilla y hermano nuestro D. José Sánchez Herrero, en el funesto siglo XIX para la historia de nuestra hermandad, dónde aparte de la crisis general que afectó en mayor o menor medida a todas las cofradías sevillanas, la nuestra sufrió además las consecuencias del atraco y expoliación de las tropas francesas y la incomprensión siendo cautos de alguna orden religiosa instalada por regalo de la Archidiócesis de Sevilla en la iglesia de San Alberto.

Además la Vera-Cruz tenía patrimonio y bienes destinados en su mayor parte a obras benéficas y de caridad. Éramos golosos para los que solo veían en nuestra hermandad una oportunidad de redimir sus famélicas cuentas corrientes. ¿Cómo pudo languidecer en apenas seis o siete décadas la cofradía que había sido santo y seña de Sevilla durante siglos y a la que llegaron a pertenecer los miembros de las familias más ilustres de nuestra ciudad?.

Yo creo que habría que buscar al menos el origen en las distintas idas y venidas obligadas por las circunstancias. Incendio de nuestra capilla en el convento de San Francisco, expoliación por parte de las tropas francesas, traslado a San Alberto, nuevamente intento en San Francisco e inmediatamente desamortización del mismo y nuestro gozo en un pozo, convento de las Descalzas de Pasión en calle Sierpes, nuevamente y ya extenuados a San Alberto a convivir con una comunidad filipense que apenas entiende esto de las cofradías y con la que la convivencia se hizo muy difícil.

Esto cansaría al más paciente y este ambiente no era nada propicio en un siglo por sí difícil para las cofradías, para el acercamiento de fieles y devotos.

Pero si que hubo una persona, D. Matías Ramos Calonge, perteneciente a la familia que mantuvo la llama encendida de nuestra hermandad (familia Ramos) en el último tercio del siglo XIX y primero del XX y que era bastante acaudalada, que hizo un último intento como Hermano Mayor de nuestra corporación y que en un Cabildo General celebrado el 1/7/1870 anunció el traslado a la Iglesia del Sagrario de nuestra hermandad para renacer de las cenizas y volver a recobrar la vida espiritual y de caridad que siempre tuvo y volver a realizar salida procesional al año siguiente.

En dicha parroquia había ya acordado con el párroco la compra de dos altares para nuestros titulares como primer paso en su hoja de ruta, como diríamos hoy. Desgraciadamente D. Matías Ramos Calonge falleció apenas tres meses después del mencionado cabildo, a los setenta y cinco años de edad. Su ilusión le pilló a una avanzada edad para aquella época.

Su familia mantuvo viva la devoción a nuestros titulares en los años posteriores, siendo un sobrino suyo, D. Cándido Blasco Ramos en calidad de secretario de nuestra corporación el que firmó el depósito de todos nuestros bienes por no poder hacerse cargo de ellos en el Palacio Arzobispal en marzo de 1911.

En la casa de otras dos sobrinas suyas, Doña Nicolasa y Doña Vicenta Blasco Ramos, en la calle Chapineros nº 6, (hoy sede del Colegio de Abogados y de la Fundación Villacieros Ramos, por donación al colegio de esta casa de D. Andrés Villacieros Ramos, ilustre abogado, benefactor de obras de caridad y prócer, que falleció sin descendencia el 26/3/73), se celebró en 1926 la última reunión conocida de hermanos de la Vera-Cruz (según Juan Carrero fueron ocho, todos de la misma familia), en la que decidieron entregar a palacio los libros de cuentas de la hermandad porque ya se había agotado la cuantía que estaban administrando destinada principalmente a intenciones de misas.

Pero, ¿quién era Matías Ramos Calonge?.

Esta incógnita se ha resuelto en gran parte en los recientemente publicados “Apuntes para una Historia de la Banca Privada en Andalucía, 1780-1936” y dónde las historiadoras María Parias y Mª José Alvarez Pantoja, nos trasladan algunos aspectos de la vida de esta gran persona.

Nació en el año 1795 en un pueblo de Soria, llamado Vinuesa, del que procede toda su familia y que en Sevilla junta apellidos como Ramos, Calonge, Villacieros, Blasco, Carretero ó De Pablo.

Se casó con Doña Antonia Suárez Herrera. Sin descendencia.

Muy joven se marcha a América dónde aparte de hacer fortuna, conoce los negocios relacionados con las telas, sedas, cordonerías, etc.. y el transporte marítimo.

En torno al año 1830 llega a Sevilla, donde ya estaba instalada parte de su familia.

Compra su casa en la calle Francos nº 56, la que siempre sería su residencia. Hoy es un restaurante muy afamado. Por ello feligrés de la parroquia del Sagrario.

En 1840 y como consecuencia de la Ley de Desamortización de 2/1936 de Mendizábal, le compra al Crédito Público (parte de lo que sería el Ministerio de Hacienda) una parte del convento de San Alberto (¿entra en contacto con nuestra imágenes?) donde monta una fábrica de Tisúes y Cordonería de oro y plata.

También al Estado (Crédito Público) y procedente de la misma desamortización le compra un total de dieciséis fincas con 1.615 has. por 477.000 reales. Todas entre lo que hoy es el Polígono Calonge, Pino Montano y hacia la Rinconada. Gran parte de ellas pasaron por donación de sus descendientes a instituciones benéficas de la Iglesia de Sevilla.

Aparte en su propia calle pero en el número cinco, próximo a la plaza del Salvador, abre una tienda de tejidos, lanas y sedas.

Fue uno de los fundadores del Banco de Sevilla en 1.857 y director del mismo entre 1863 y 1866.

Fue socio fundador de la compañía de seguros sevillana dedicada a dar cobertura a riesgos marítimos, “Lloyd Sevillano”.

Invirtió en barcos de vapor entre 1861 y 1862, fundando la naviera “Vinuesa, Alcón y Cía.”

Fue un gran benefactor de obras de caridad como toda su familia, y nunca olvidó su pueblo de Vinuesa dónde adquirió una casa-palacio que se la regaló al municipio para la creación de una escuela pública. Tiene una calle a su nombre.

Está enterrado en el cementerio de Sevilla, en la calle la Fe, en un panteón que le diseñó Balbino Marrón.

Queridos hermanos, la mala suerte que nos persiguió durante todo el siglo XIX se puede llegar a entender viendo la vida y sobre todo el patrimonio de D. Matías Ramos Calonge y esa apuesta que llega tarde por el resurgir de nuestra hermandad.

No pudo ser.

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