Cristo de ValmasedaY no debo incluir en el título de este artículo al Stmo. Cristo de la Vera-Cruz de la hermandad de Sevilla porque lo que a continuación escribo no dejan de ser meras especulaciones de un humilde lego en la materia relacionada con el arte en la escultura.

Pero si quiero compartir algo que desde hace tiempo me ronda y que nada tiene que ver con un interés por descubrir o acercarme siquiera al autor de la excelsa imagen de nuestro Santísimo Cristo.

Es más como “talla de autor anónimo” considero que aún nos acerca más a El. Sería aquello del encanto de lo desconocido.

Han sido muchas las ocasiones que bien en escritos o en conversaciones con expertos en la materia he escuchado o leído algunas teorías sobre el autor de nuestra venerada imagen.

Y como soy muy curioso, a la que he podido me he acercado a “fisgonear” y ver lo que pillaba.

Así no perdí la oportunidad de visitar en Arcos de la Frontera la capilla donde se encuentra el soberbio crucificado del Santísimo Cristo de la Vera Cruz que en 1545 tallara el escultor Antón Vázquez. El más antiguo documentado de cuantos existen con esta advocación y una auténtica maravilla que recomiendo no se pierdan si tienen la oportunidad.

Pero a mi no me acercó ni en mucho ni en poco a nuestro Titular. Lo siento por los que lo tienen claro, pero alguna pista más me han de dar.

Sin embargo a raíz de leer en la tesina que sobre la historia de nuestra hermandad escribió Concepción Alvarez Moro y su referencia a una posibilidad de autoría por un escultor castellano de apellido Valmaseda, de mi visita en distintos momentos a las catedrales de Oviedo y sobre todo de Palencia, si que me gustó la idea y aunque repito que sin argumentos científicos y ni siquiera artísticos, me acerqué a esa teoría y ahora os expongo algunas conclusiones.

De Juan de Valmaseda se conoce poco. Apenas que nació en Palencia sobre 1485 y falleció en torno a 1547.

Estaba casado con Catalina de Medina y tuvo tres hijos: Juan, FRAY FRANCISCO (¿sería franciscano del Convento Casa Grande?) y María.

Que fue discípulo de Diego de Siloé con el que aprendió en Burgos algo tan curioso y que también trataba este artista como los pliegues y las líneas curvas en las esculturas, especialmente LAS CABELLERAS EN LARGAS TRENCHAS RETORCIDAS y la disposición y pliegues de los PAÑOS DE PUREZA CON DIBUJOS RENACENTISTAS ITALIANOS.

Con el tiempo se convirtió en maestro de ALONSO BERRUGUETE que algo tiene que ver con la CATEDRAL DE SEVILLA.

Casualmente hay un personaje, el obispo Fray Diego de Leza, que para mi resulta una pieza clave en mi rompecabezas.

Este obispo dominico que por dar algún detalle de su biografía os diré que en 1498 fue nombrado Inquisidor General  del reino de Castilla y León por bula de Alejandro VI y más tarde nombrado Presidente Único del santo Oficio en 1504, año en el que se traslada de PALENCIA, donde había sido obispo durante cuatro años, a SEVILLA donde estuvo desde 1504 hasta 1523.

Fray Diego de Leza conocía a Juan de Valmaseda pués su unión con Palencia fue que tal que mandó construir el Retablo del Altar Mayor de su catedral del que fue benefactor y para ello envió desde Sevilla un primer donativo en año 1505 de 300.000 maravedís.

Sus dos escudos figuran en el Retablo.

El encargo se lo realiza al escultor Felipe de Borgoña, que a su vez elige a Juan de Valmaseda para que realice el impresionante calvario que lo culmina en el compromiso de pago de cien ducados. La talla de este crucificado es de un metro y medio aproximadamente.

Lo realizó en al año 1519 y lo cobró en el año 1521 después de reclamarle la deuda al cabildo catedral.

Estuvo en todo momento muy cerca de la construcción de este Retablo y de todos los artistas que trabajaron en él, a los que incluso hacía desplazarse hasta Sevilla para presentarle los bocetos. Lo consideró en todo momento una obra suya.

Por lo tanto Fray Diego de Leza que fue obispo de Sevilla durante diecinueve años en la época de mayor plenitud de nuestra hermandad y cuando formaban parte de nuestra nómina no solo los caballeros veinticuatro, es decir el Ayuntamiento, sino toda la nobleza de la ciudad de la que salía gran parte de los donativos que recibía la lglesia para su manutención y de ahí posibles estrechas relaciones y por ello no dudo que nuestra hermandad que por esas fechas no tenía todavía el crucificado (el titular era la Santa Cruz) estaba dando sus  primeros pasos para hacerse con uno esculpido por algún artista de la época cercano a cualquiera de los actores que os he nombrado.

Qué hay de realidad en esta teoría. Pues posiblemente NADA. O puede que haya algo. O simplemente yo que sé. ¿Y que más dá?.

Pero hay cosas indiscutibles. Que el autor de nuestro Cristo no se conoce. Por ello queda abierta toda posibilidad. Incluso la de Juan de Valmaseda.

Que la obra pertenece a una época que coincide con la plenitud de los trabajos de este escultor (1520-1540).

Que visitó Sevilla en varias ocasiones para despachar con Fray Diego de Leza.

Que además es sin dudas de la escuela castellana. Este hombre era de Palencia y se formé en Burgos.

Por lo demás este escultor casualmente se especializó en grupos escultóricos de calvarios y talló también los de las catedrales de Oviedo y León con tamaños todos en torno a los ciento cincuenta centímetros.

También, todos tienen en común el especial diseño del paño de pureza, los trazos curvos de sus cabelleras, y el tamaño de las manos y los pies, algo exageradas con respecto al tronco, quizás para señalar de forma directa el dolor inhumano que las heridas le habían producido.

Os acompaño una foto.

De cualquier forma me remito al principio de este artículo para deciros que pese a mi curiosidad manifiesta, no hay nada como seguir sintiendo que nuestro crucificado es un regalo para acercarnos a Dios y su Bendita Madre, y que da igual si alguien lo talló o no.

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