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Comentario al Evangelio del Domingo XV del tiempo ordinario

El evangelio trata del envío a la misión de los Doce discípulos que Jesús se había escogido. Es una misión en itinerancia, ya que el reino de Dios que deben anunciar y que Jesús está haciendo presente debe tener un carácter de peregrinación. Los discípulos deben llevar un bastón para andar por todos los caminos del mundo y unas sandalias para que no se destrocen los pies. Y es que la peregrinación cristiana es al mundo entero, a donde viven los hombres, para que conozcan el mensaje de salvación que Jesús ha traído para toda la humanidad sin excepción. Pero los discípulos de Jesús no deben cargar con mucho más, sino solo lo imprescindible, porque ser cristiano es asumir un desapego de las cosas del mundo que son superfluas, que no son verdaderamente necesarias.
En el mundo materialista en que nos desenvolvemos, poner el valor de la posesión en su verdadero sitio es una denuncia profética que los cristianos no podemos dejar de ejercer. Vivir en la austeridad es todo un ejercicio de evangelización, de anunciar que solo Dios es nuestra riqueza. Que sin Él, nada tiene valor. Que sólo Cristo es el centro de nuestra existencia.
Sin embargo, entendamos bien que el cristianismo verdadero no se resuelve solamente desde esta ética radical del desarraigo y el desapego. Lo más importante y decisivo es el amor, incluso a los enemigos. Y un amor vivido en la libertad de los hijos de Dios. Debemos ser libres de verdad de las cosas que nos atan a este mundo. El Reino de Dios se construye en la libertad personal y comunitaria, pero mucho más todavía sobre la misericordia y el amor a los otros en sus debilidades.
Queridos hermanos, Paz y Bien.
Marcelino Manzano Vilches, pbro.
Director Espiritual.