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Comentario del Evangelio de hoy VI Domingo de Pascua

El evangelio de este domingo nos invita a entrar en la dinámica del amor de Dios por medio de Jesús. Un amor que también significa participar del gozo y la alegría del propio Jesús, que consiste en ser amado infinitamente por el Padre y en amar a los suyos hasta el final. Esta misma plenitud de alegría quiere comunicarla a los discípulos. Que no tengan miedo a la vida ya que pueden contar con su amor fiel y poderoso; que no se cierren en un individualismo estéril, dado que pueden dar vida a los hermanos con su empeño y dedicación.
Jesús sólo les dio este mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. No es un mandato caprichoso y arbitrario, sino una necesidad que surge de la propia identidad de Jesús. Ha vivido una existencia como la nuestra, hecha de trabajo, de predicación, de relaciones humanas. No fue una existencia mágica, estaba completamente integrado en la vida de su tiempo, en lugares concretos, con personas concretas. Pero Jesús transformó todo ello en amor auténtico; habló y actuó impulsado por el deseo de comunicar alegría y vida a los demás. Su mandato consiste en que el discípulo de Cristo sea cristiano en su manera de pensar y actuar.
En nuestra sociedad los lazos de afecto y amistad son frágiles. No obstante tantos medios para comunicarse hay mucha soledad y, al mismo tiempo, vivimos cada vez más preocupados por la defensa de nuestro bienestar personal. Los lazos de afecto entre las personas basados solamente en el amor humano no son estables y fácilmente se deterioran y rompen. Parece cada vez más difícil vincularse de por vida con relaciones permanentes. Sólo el amor desinteresado que viene de Dios por medio de Jesús Resucitado puede ayudarnos a romper el muro de egoísmo que tiende a separarnos unos de otros.
Queridos hermanos, Paz y Bien.
Marcelino Manzano Vilches, pbro.
Director Espiritual.